Cuando la gente oye hablar del TDAH, suele imaginarse a un niño que no puede estar quieto o a un adulto que se distrae con facilidad. Pero el TDAH es mucho más complejo que eso.
Como psicoterapeuta que trabaja con adolescentes y adultos con TDAH —y como persona que proviene de una familia en la que el TDAH ha formado parte de nuestra experiencia—, he visto el TDAH tanto desde una perspectiva clínica como personal. Entiendo cómo el TDAH puede afectar no solo a la persona que lo padece, sino también a las relaciones, la dinámica familiar, el colegio, el trabajo, la confianza en uno mismo y la vida cotidiana.
También entiendo que muchos comportamientos asociados al TDAH pueden malinterpretarse fácilmente. A alguien se le puede tachar de vago cuando se siente abrumado y le cuesta empezar una tarea. Se le puede llamar irresponsable cuando, en realidad, se le ha olvidado algo importante. A un adolescente se le puede tachar de desmotivado porque deja las cosas para la noche anterior a la fecha de entrega de un trabajo. A una pareja se le puede considerar indiferente porque se le ha olvidado algo que se había comentado varias veces.
Comprender cómo funciona el cerebro de una persona con TDAH puede ayudarnos a sustituir algunos de esos juicios por curiosidad, estrategias y un apoyo adecuado.
El TDAH es un trastorno del desarrollo neurológico que se caracteriza por patrones persistentes de falta de atención y/o hiperactividad e impulsividad que interfieren en el funcionamiento cotidiano.
Un ámbito importante que puede verse afectado es el funcionamiento ejecutivo, es decir, las habilidades mentales necesarias para organizar y gestionar la vida cotidiana.
Las dificultades en las funciones ejecutivas pueden estar relacionadas con la planificación y la organización, el inicio de tareas, el establecimiento de prioridades, la gestión del tiempo, la retención de información, el cambio de atención, la inhibición de impulsos y la finalización de tareas.
Saber lo que hay que hacer y ser capaz de obligarse a hacerlo de forma constante no siempre son lo mismo. Un adulto puede saber que tiene que pagar una factura, pensar en pagarla varias veces y, aun así, olvidarse hasta que se haya vencido el plazo. Un adolescente puede sentarse con la intención de empezar los deberes, fijarse en un mensaje en el móvil, empezar a ver algo, acordarse de que tiene hambre, bajar a la cocina y, de repente, darse cuenta de que ha pasado una hora.
Estas situaciones le pueden pasar a cualquiera de vez en cuando. Sin embargo, en el caso del TDAH, los patrones de falta de atención, desorganización, impulsividad o hiperactividad son lo suficientemente persistentes como para interferir en el funcionamiento en más de un ámbito de la vida.

Otra dificultad importante para muchas personas con TDAH es la regulación emocional. La desregulación emocional no es uno de los criterios diagnósticos fundamentales del TDAH, pero las investigaciones muestran que las dificultades de regulación emocional son frecuentes y pueden contribuir de manera significativa al deterioro funcional.
Una persona puede experimentar emociones de forma rápida e intensa y tener dificultades para recuperar la calma. Un suceso relativamente menor —una crítica, una discusión, una nota decepcionante, sentirse excluido por los amigos o un cambio de planes— puede desencadenar una fuerte reacción emocional.
En el caso de un adolescente, esto podría ser algo así como: «Mi amiga no me ha contestado el mensaje. Ya no le caigo bien». La sensación se vuelve tan intensa que, en ese momento, resulta difícil tomar distancia y plantearse otras explicaciones.
Para un adulto, podría consistir en recibir una crítica constructiva en el trabajo y pasar el resto del día dándole vueltas a la conversación, sintiéndose avergonzado, enfadado, culposo o convencido de que ha fracasado.
El objetivo no es ignorar la emoción, sino desarrollar habilidades que permitan crear más distancia entre la emoción y la reacción.
La impulsividad puede ser evidente: interrumpir, hablar sin pensar, realizar una compra impulsiva o tomar una decisión sin tener en cuenta las consecuencias. También puede manifestarse en momentos de gran intensidad emocional.
Un adolescente se enfada y envía inmediatamente un mensaje de texto del que luego se arrepiente. Un adulto se siente criticado y responde a la defensiva antes de comprender del todo lo que quería decir la otra persona. Alguien se entusiasma con un nuevo proyecto, le dedica una enorme cantidad de energía durante varios días y, después, le cuesta mantener ese esfuerzo.
Parte del tratamiento del TDAH puede consistir en aprender a reconocer ese momento crucial entre el impulso y la acción. Incluso una breve pausa puede brindar la oportunidad de tomar una decisión diferente.
El TDAH puede manifestarse de forma diferente en cada persona. Las niñas y las mujeres suelen recibir un diagnóstico de TDAH con un cuadro de inatención, mientras que los niños y los hombres tienden a presentar más síntomas de hiperactividad e impulsividad. Se trata de tendencias, no de reglas.
Una niña o una mujer con TDAH puede ensoñarse, tener dificultades para organizarse, perder cosas, olvidarse de los deberes o de las citas, sentirse abrumada con facilidad o esforzarse mucho para compensar unas dificultades que los demás no perciben.
A algunas chicas les va bien en los estudios, sobre todo cuando las familias y los centros educativos les proporcionan una estructura sólida. Las dificultades pueden hacerse más evidentes más adelante: durante el instituto, la universidad, la vida laboral, la crianza de los hijos u otras etapas en las que la vida exige una mayor capacidad de organización independiente.
Algunas mujeres llegan a ser muy hábiles a la hora de compensar sus dificultades. Desde fuera, pueden parecer muy competentes; pero, en su interior, mantener ese nivel de organización puede resultar agotador. Esto puede contribuir a que el TDAH pase desapercibido hasta una etapa más avanzada de la vida.
Históricamente, los niños han tenido más probabilidades de que se les diagnostique TDAH durante la infancia, en parte porque los comportamientos hiperactivos e impulsivos visibles pueden llamar la atención de padres y profesores.
Es posible que se detecte antes a un niño que se levanta repetidamente de su sitio, interrumpe, habla en exceso, actúa sin pensar o tiene dificultades para esperar su turno. A medida que los niños se hacen adultos, la hiperactividad puede volverse menos evidente a simple vista y manifestarse, en cambio, como una inquietud interna o una necesidad persistente de actividad o estimulación.
Es importante no caer en estereotipos. Las mujeres pueden presentar síntomas destacados de hiperactividad e impulsividad, y los hombres pueden padecer un TDAH predominantemente inatento. Cada persona debe ser considerada de forma individual .
La adolescencia puede resultar especialmente complicada, ya que a los adolescentes se les pide que sean cada vez más independientes precisamente en el momento en que aumentan las exigencias relacionadas con las funciones ejecutivas.
Se espera que sepan gestionar los deberes escolares, las actividades extraescolares, las amistades, los deportes, los cambios de aula, los proyectos a largo plazo, los exámenes, las redes sociales, los horarios de sueño y unas emociones cada vez más complejas.
Es posible que un adolescente con TDAH quiera de verdad tener éxito, pero que oiga una y otra vez: «¿Por qué no has empezado antes?», «Te lo he recordado tres veces» o «Eres muy inteligente, ¿por qué no te esfuerzas?». Con el tiempo, estos mensajes pueden afectar a su confianza y a su autoestima.
Un mensaje útil para los adolescentes es: seguís siendo responsables de vuestras decisiones, pero es posible que necesitéis estrategias y apoyos diferentes para asumir con éxito esas responsabilidades.
En la edad adulta, el TDAH puede afectar al trabajo, a las relaciones personales, a las responsabilidades domésticas, a las finanzas, a las citas, a la crianza de los hijos y a la capacidad para gestionar proyectos de gran envergadura o a largo plazo. Los adultos pueden tener dificultades con la procrastinación, la gestión del tiempo, la organización, los olvidos, la inquietud o las decisiones impulsivas.
Para algunos adultos, las dificultades se hacen mucho más evidentes cuando la estructura externa se reduce o la vida se vuelve más exigente. Es posible que un adulto se haya desenvuelto bien en el colegio, pero que tenga dificultades a la hora de compaginar la carrera profesional, el hogar, las relaciones, los hijos y múltiples horarios al mismo tiempo.
El tratamiento del TDAH debe ser individualizado. No existe una estrategia única que funcione para todo el mundo. La psicoterapia puede ayudar a los adolescentes y adultos a comprender sus patrones de comportamiento y a desarrollar herramientas prácticas para el funcionamiento ejecutivo, la regulación emocional, las relaciones y la conciencia de sí mismos.
Entre los enfoques útiles pueden figurar la externalización de la organización mediante calendarios, recordatorios, horarios visuales, listas, alarmas y rutinas; la división de las tareas grandes en pasos más pequeños; el aprendizaje de técnicas de regulación emocional y de pausa; la creación de rutinas realistas; la identificación de factores desencadenantes, como el aburrimiento, el agobio, las transiciones, las críticas, la falta de sueño, el hambre y la sobreestimulación; y el desarrollo de la autocompasión sin dejar de asumir la responsabilidad de las propias acciones.
El tratamiento también puede incluir medicación cuando sea adecuado, intervenciones conductuales, terapia cognitivo-conductual , asesoramiento sobre el TDAH o las funciones ejecutivas, adaptaciones en el colegio o en el trabajo, ejercicio, apoyo para el sueño y formación para padres de niños y adolescentes , y la colaboración con los profesionales sanitarios.

Quizá una de las cosas más importantes que he aprendido —tanto a nivel profesional como a través de mi experiencia con el TDAH en mi propia familia— es que el TDAH no define a una persona.
Las personas con TDAH pueden ser creativas, enérgicas, curiosas, espontáneas, apasionadas y capaces de involucrarse profundamente en las cosas que les importan. Al mismo tiempo, no debemos idealizar el TDAH. Para muchas personas, las dificultades son muy reales.
El objetivo del tratamiento no es cambiar la personalidad de una persona ni obligar a un cerebro con TDAH a funcionar exactamente igual que el de los demás. Se trata de comprender cómo funciona esa persona en concreto, identificar en qué aspectos la vida se le complica innecesariamente y desarrollar estrategias que le ayuden a funcionar de forma más eficaz, al tiempo que se preserva su sentido de identidad.
En lugar de preguntarse: «¿Qué me pasa?», una pregunta más útil podría ser: «¿Qué necesita mi cerebro para hacer esto de otra manera?».
Gabriela Breton , terapeuta matrimonial y familiar licenciada (LMFT), es una psicoterapeuta que trabaja con adolescentes y adultos, incluyendo a personas con TDAH, ansiedad , dificultades para regular las emociones y en procesos de transición vital. Su enfoque integra la psicoterapia basada en la evidencia con la atención plena, la autocompasión y la conciencia somática y habilidades prácticas para la vida cotidiana.
Este artículo tiene fines educativos y no sustituye al diagnóstico individualizado, al asesoramiento médico ni al tratamiento.
Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH), «Trastorno por déficit de atención e hiperactividad: lo que hay que saber». El NIMH describe el TDAH como un trastorno del desarrollo caracterizado por una falta de atención, hiperactividad e impulsividad persistentes, y analiza las diferencias en su manifestación según la edad y el sexo.
Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH), «El TDAH en adultos: cuatro cosas que hay que saber». Este recurso describe las dificultades habituales que experimentan los adultos en materia de organización, procrastinación, gestión del tiempo, recuerdo de tareas, finalización de proyectos, inquietud e impulsividad.
O’Neill y Rudenstine (2019), *Psychiatry Research*. Estudio sobre la falta de atención, la desregulación emocional y el deterioro funcional en adultos que acuden a tratamiento psicológico.
Revisión sistemática: «Evidencia de la desregulación emocional como síntoma central del TDAH en adultos» (2023). Analiza los estudios que relacionan el TDAH en adultos con las dificultades de regulación emocional, el funcionamiento ejecutivo y el deterioro funcional.