Un enfoque integral para la ansiedad, la depresión, el trauma, el TOC, el TDAH, la atención plena, la autocompasión y la sanación somática.
Si estás pensando en acudir a terapia, quizá te preguntes cómo es realmente trabajar conmigo. Aunque la conversación y la conexión son partes importantes de la terapia, mi enfoque va más allá de la terapia tradicional basada en la conversación. Intégro la conciencia somática, la atención plena, la autocompasión, las técnicas experienciales y los enfoques basados en la evidencia para ayudar a los clientes a lograr un cambio significativo y duradero.
Tanto si estás lidiando con la ansiedad, la depresión, un trauma, el TOC, el TDAH, dificultades en tus relaciones, cambios vitales o, simplemente, te sientes desconectado de ti mismo, mi objetivo es ofrecerte un espacio acogedor, comprensivo y libre de juicios, en el que puedan tener lugar la sanación y el crecimiento. A continuación, te cuento más sobre mi forma de trabajar y lo que puedes esperar de nuestro proceso terapéutico juntos.
La relación terapéutica es uno de los aspectos más importantes del proceso de sanación. Muchas personas acuden a terapia cargando con dolor, inseguridad, miedo, vergüenza, duelo o agobio. A menudo, llevan años intentando lidiar con estas dificultades por sí mismas. Creo que la sanación comienza cuando uno se siente visto, escuchado y comprendido.
Mi función consiste en crear un entorno seguro, solidario y comprensivo en el que los clientes puedan explorar sus experiencias internas sin ser juzgados. Juntos, construimos una relación basada en la confianza, la curiosidad, la colaboración y el respeto. La terapia no consiste en arreglar lo que te pasa. Se trata de ayudarte a reconectar con tus puntos fuertes, tu resiliencia y tu yo auténtico.
Hablar es importante. Nos ayuda a comprender nuestra historia, identificar patrones, obtener una perspectiva más clara y dar sentido a nuestras experiencias. Sin embargo, muchos clientes descubren que, incluso después de comprender por qué se sienten ansiosos, abrumados, deprimidos o estancados, las reacciones emocionales persisten.
Puede que, racionalmente, sepas que estás a salvo, pero tu cuerpo sigue sintiendo ansiedad. Puede que entiendas que una experiencia dolorosa ocurrió hace años, pero tu sistema nervioso sigue reaccionando como si el peligro siguiera presente. Puede que reconozcas los pensamientos autocríticos, pero sigas sintiéndote atrapado por ellos. Esto se debe a que la sanación no se produce solo a través de la mente.
La sanación también se produce a través del cuerpo. Por eso, integro la terapia somática, la atención plena, la autocompasión y enfoques experienciales que ayudan a los clientes a generar cambios no solo a nivel intelectual, sino también emocional, físico y neurológico.
La palabra «somático» proviene del término griego «soma», que significa «el cuerpo vivo».
La terapia somática reconoce que las emociones, el estrés y traumasy las experiencias vitales suelen quedar grabados no solo en nuestros pensamientos, sino también en nuestro cuerpo.
Nuestro cuerpo nos transmite constantemente información importante a través de sensaciones como:
Estas sensaciones suelen ofrecer pistas valiosas sobre lo que sentimos emocionalmente.
En la terapia, ayudo a mis clientes a tomar mayor conciencia de estas sensaciones corporales y a aprender a escuchar la sabiduría de su cuerpo, en lugar de ignorar, reprimir o temer lo que sienten. Para muchas personas, volver a conectar con su cuerpo se convierte en una parte esencial del proceso de sanación.
A veces trabajamos «de arriba abajo», basándonos en la intuición, la reflexión y la comprensión. Otras veces trabajamos «de abajo arriba», partiendo de las sensaciones corporales y las respuestas del sistema nervioso.
Cuando nos invaden la ansiedad, el trauma, el pánico o la sensación de agobio, el sistema nervioso suele reaccionar antes de que la parte racional del cerebro tenga tiempo de intervenir. En esos momentos, la mera comprensión puede no ser suficiente. Aprender a regular el sistema nervioso puede proporcionar la seguridad y la estabilidad necesarias para una sanación más profunda.
Cuando ayudamos al cuerpo a sentirse más seguro, más tranquilo y más equilibrado, a menudo también resulta más fácil gestionar los pensamientos y las emociones. En lugar de intentar salir del malestar a base de razonamientos, aprendemos a cuidar a la persona en su totalidad: mente y cuerpo a la vez.
La atención plena es una parte fundamental de mi trabajo. Consiste en la práctica de prestar atención a nuestra experiencia del momento presente con curiosidad y compasión, en lugar de juzgarla. Muchas personas pasan gran parte de su vida preocupándose por el futuro o dándole vueltas al pasado. La atención plena nos ayuda a volver a lo que está sucediendo en este preciso instante.
La atención plena crea un espacio entre nuestras experiencias y nuestras reacciones automáticas, lo que nos permite tomar decisiones más conscientes.
Una de las dificultades más habituales que observo es la dureza con la que las personas se hablan a sí mismas. Muchos clientes tienen una voz crítica interior que les repite constantemente que no están haciendo lo suficiente, que no se están recuperando lo bastante rápido o que, de alguna manera, no están a la altura.
La autocompasión es la práctica de tratarnos a nosotros mismos con amabilidad, comprensión y paciencia en los momentos difíciles. Significa aprender a tratarnos con el mismo cariño con el que trataríamos a un amigo cercano.
La autocompasión no es autocompasión. No significa rebajar el listón. No es poner excusas. Por el contrario, crea un entorno interno que favorece el crecimiento, la sanación y la resiliencia. Las investigaciones demuestran sistemáticamente que la autocompasión se asocia con una menor ansiedad, una reducción de la depresión, una mayor resiliencia emocional y una mejora del bienestar general.
La respiración es una de las herramientas más poderosas y accesibles que tenemos para regular el sistema nervioso. Cuando nos sentimos ansiosos, estresados, abrumados o alterados, nuestra respiración suele volverse superficial y acelerada.
El cuerpo interpreta esto como una señal de que puede existir peligro. Las prácticas de respiración consciente pueden ayudar a transmitir una sensación de seguridad al sistema nervioso y favorecer la regulación emocional.
Respirar no consiste en hacer desaparecer las emociones difíciles. Se trata de crear la seguridad y la estabilidad necesarias para permanecer presente con esas emociones sin sentirse abrumado.
Las sensaciones corporales suelen ser el primer lenguaje de las emociones. Antes de que reconozcamos conscientemente la tristeza, el miedo, la ira, la vergüenza, la alegría o la emoción, nuestro cuerpo suele comunicarnos estas emociones a través de sensaciones.
Al aprender a detectar y comprender estas señales, los clientes adquieren una mayor conciencia y capacidad de elección.
Esta toma de conciencia se convierte en un recurso muy valioso tanto dentro como fuera de la terapia.

La mera comprensión no siempre conduce a la transformación. La terapia experiencial ayuda a los clientes a poner en práctica de forma activa nuevas formas de relacionarse consigo mismos durante las sesiones.
Estas experiencias contribuyen a crear nuevas conexiones neuronales y favorecen un crecimiento emocional duradero. El objetivo no es simplemente comprender el cambio a nivel intelectual, sino experimentarlo de primera mano.
Una de las cosas más importantes que les digo a mis clientes es que no estoy aquí para arreglarlos. Estoy aquí para guiarlos. Les ofrezco apoyo, herramientas, formación, perspectiva, compasión y un espacio seguro donde pueda tener lugar la sanación. Al mismo tiempo, los cambios más profundos suelen producirse entre sesiones.
Los clientes que participan activamente en el proceso suelen experimentar un crecimiento más significativo, ya que la terapia se convierte en algo que viven, en lugar de algo a lo que simplemente acuden. Al mismo tiempo, entiendo que la curación lleva tiempo.
El crecimiento no es lineal. No existe un calendario perfecto. El camino de cada persona se desarrolla a su manera y a su propio ritmo.
No existe un enfoque terapéutico válido para todos. Cada cliente aporta experiencias, fortalezas, retos, antecedentes culturales, relaciones, objetivos y necesidades únicos. Por eso, adapto la terapia a la persona que tengo delante.
Recurro a diversos enfoques terapéuticos, entre los que se incluyen la terapia cognitivo-conductual (TCC), la terapia dialéctico-conductual (TDC), los enfoques basados en la atención plena, la terapia psicodinámica, las terapias somáticas, el Hakomi, la Gestalt y las terapias experienciales.
Juntos, creamos un enfoque que mejor se adapte a tu proceso de sanación y crecimiento. Ya sea que busques terapia para la ansiedad, la depresión, el trauma, el TOC, el TDAH, dificultades en las relaciones, transiciones vitales o crecimiento personal, mi objetivo es ayudarte a desarrollar una mayor conciencia, resiliencia emocional, autocompasión y confianza en ti mismo.
La sanación no consiste en convertirse en alguien diferente. Se trata de volver a conectar con la persona que siempre has sido, más allá de la ansiedad, el trauma, la autocrítica y los patrones de supervivencia. Y ese viaje comienza con cada respiración, cada momento de conciencia y cada paso que das.
Terapia individual para la ansiedad, la depresión, el trauma, el TOC, el TDAH y las transiciones vitales
Terapia somática • Terapia basada en la atención plena • Terapia experiencial • Prácticas de autocompasión
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